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5-1-2015
Genocidio armenio: Un millón y medio de mártires pronto canonizados
El centenario del genocidio armenio va a permitir a la Iglesia
ortodoxa rendir homenaje a los mártires e intensificar el deber de la
memoria
Elisabeth de Baudoüin
Para el pueblo armenio, 2015 no va a ser un año normal: marca el
centenario de su tristemente célebre genocidio. También será la
ocasión de una canonización masiva, realizada por la Iglesia ortodoxa:
la de millón y medio de hombres, mujeres y niños muertos a causa de su
pertenencia étnica y religiosa.
La ceremonia se celebrará el próximo 23 de abril. El dÃa siguiente se
convertirá en la “jornada de la memoria” de estas vÃctimas, ha
anunciado el patriarca armenio ortodoxo Karekin II en una carta
encÃclica que ha abierto oficialmente las celebraciones del centenario
de este genocidio.
Estas se extenderán todo el año, ha destacado, especificando que “cada
dÃa de 2015 será un dÃa de recuerdo y de devoción a nuestro pueblo, un
viaje espiritual al memorial de nuestros mártires”.
Otra información, pero que pide todavÃa ser confirmada: el 12 de
abril, el Papa Francisco celebrará una misa de conmemoración de esta
tragedia.
La aniquilación de un pueblo y de su cultura
Nunca se recordará demasiado: el pueblo armenio fue vÃctima, el siglo
pasado, de uno de los genocidios étnico-religiosos más monstruosos de
la historia de la humanidad.
“En 1915 y durante los años siguientes -recuerda el patriarca en su
carta con acentos conmovedores-, un millón y medio de nuestros hijos e
hijas sufrieron la muerte, el hambre, la enfermedad; fueron deportados
y obligados a caminar hasta morir”.
“Siglos de creatividad y de objetivos alcanzados fueron destruidos en
un instante. Miles de iglesias y monasterios fueron profanados y
destruidos, las instituciones nacionales y las escuelas, arrasadas y
demolidas. Nuestros tesoros espirituales y culturales fueron
erradicados y borrados”.
A este dramático cuadro, que desgraciadamente huele en la actualidad,
se pueden añadir las fosas comunes llenas de vÃctimas sin nombre, los
trenes de desplazados incendiados,…
Los únicos supervivientes de esta gigantesca masacre fueron los que
lograron llegar a la Armenia actual, entonces bajo dominio ruso, de
Siria o del LÃbano, o incluso de otros paÃses como Francia.
Después, con la valentÃa, la fe y el genio que lo caracterizan, este
pueblo ha podido “resucitar de la muerte” y brillar de nuevo, como
explica el patriarca con esta emotiva confesión:
“Poniendo nuestra esperanza en Ti, oh Señor, nuestro pueblo ha sido
iluminado y reforzado. Tu luz ha encendido la ingeniosidad de nuestro
espÃritu. Tu fuerza nos ha orientado a nuestras victorias. Nosotros
hemos creado cuando otros habÃan destruido nuestras creaciones.
Nosotros hemos continuado viviendo cuando otros nos querÃan muertos”.
Este centenario permite también celebrar esta resurrección.
La negación criminal de TurquÃa
Sin embargo, no se trata de pasar la página hacia atrás sin tener en
cuenta el deber de la verdad y de la justicia, insiste el patriarca,
que no duda en denunciar “la negación criminal de TurquÃa”.
Hay que recordar que este paÃs -y ello es un obstáculo para su posible
entrada en la Unión Europea- nunca ha querido reconocer el genocidio,
reconocido -y condenado- oficialmente por una veintena de paÃses (a
los que el patriarca saluda en su carta, deseando que a ellos se les
añadan otros).
El año pasado, el primer ministro Erdogan presentó sus condolencias a
los descendientes de las vÃctimas, un gesto que valoró el mismo Papa
Francisco durante su reciente viaje a TurquÃa, y del que habló como
una “mano tendida”.
Pero para la mayorÃa de los armenios de hoy, este gesto es muy
pequeño, respecto al calvario sufrido.
“La sangre de nuestros mártires inocentes y los sufrimientos de
nuestro pueblo clama para tener justicia”, exclama el patriarca, que
cien años después de la tragedia denuncia los “santuarios destruidos,
la violación de nuestros derechos nacionales, la falsificación y la
distorsión de nuestra historia”.
Un mayor reconocimiento por parte de TurquÃa podrÃa ayudar al perdón.
Pero en cualquier caso, en TurquÃa, como en otros lugares, el perdón
no es el olvido.